Colibrí Ediciones

No creamos libros, creamos experiencias

José Luis Rodríguez Ojeda

Poesía o Flamenco

«Desde niño me atrajeron ambas manifestaciones por igual.

Aún recuerdo la admiración que sentí, con apenas diez años, por dos niños que actuaron en la típica fiesta de fin de curso.

Uno recitó un poema y el otro cantó un fandango.

Después, con trece o catorce años, me inventé un rincón en mi cuarto para la guitarra, y otro para la poesía.

Se trataba del mismo rincón.

Así emborronaba cuadernos con versos, fueran para el cante o no.»

 

«En esta época conocí a José Belloso, auténtico poeta popular y gran apasionado del flamenco, del que tanto aprendí.

Más adelante, con dieciocho años más o menos, tuve también la suerte de hacer amistad con José Luis Blanco Garza, certero lector y poeta, a quien, igualmente, le interesaba el flamenco; en particular, la copla, que estudiaba con verdadero entusiasmo.

El me enseñó a comprender mejor un amplio corpus de letras flamencas, a profundizar en sus rasgos, que yo entonces, acaso, sólo intuía.

En este tiempo empecé a componer para algunos cantaores. Calixto Sánchez fue el primero.

 

«En mis libros aparece más de un poema en forma de copla; y no por mi afición al flamenco, sino porque, para determinada idea, situación o experiencia, no hallo vehículo más idóneo para llegar a la emoción que, humildemente, creo que allí se encierra.»

 Extraído de la revista de creación Palimpsesto

¿Como entró José Luis Rodríguez Ojeda en el "mundillo flamenco"?

Todo ha sido un proceso muy natural.

Desde niño me gustaba la poesía.

Recuerdo que me aprendía, con ocho o nueve años, los poemitas que venían en los libros de texto, sin que el maestro lo pidiera.

Lo hacía para mí.

En cuanto al flamenco, no era ajeno a mi ámbito familiar; sobre todo en casa de unos tíos míos, cuyo hijo mayor, que era mi padrino, cantaba y tocaba la guitarra.

Este primo mío era bastante amigo, entre otros, de Antonio Mairena, a quien llegué a conocer y tratar.

Yo, además, siempre tuve guitarra y, aunque nunca aprendí a tocarla bien, desde los trece años, poniendo algunos acordes básicos, tarareaba algunos cantes con sus letras clásicas u otras creadas por mí.

Las que más me interesaban eran las de tema amoroso, claro.

Ya en esta época Bécquer estaba muy presente también en mis lecturas; hasta tal punto que me sabía de memoria muchas de sus rimas.

Más tarde, con diecinueve años, conocí a Calixto Sánchez a través de mi primo, al que me referí anteriormente.

Ahí empezó todo.

Fui tomando muy en serio la creación de letras, con una pasión desmedida y desarrollando conocimiento y oficio a lo largo de los años.

¿Desde cuándo escucha flamenco José Luis?

Por lo anteriormente expuesto, se puede deducir que desde siempre.

Pero, además, se dieron muchas casualidades para que viviera, por ejemplo, fiestas flamencas en casas de algunas familias gitanas.

Cuando estaba en cuarto de bachiller, es decir, con catorce años, llegó a estudiar a Carmona interno Paco Mora, gitano que tocaba muy bien la guitarra, habiendo sido discípulo directo del mítico Diego El del Gastor.

Hicimos gran amistad y, a partir de entonces, pasaba temporadas en su casa, donde la ceremonia de cante y reunión era frecuente.

Extraído de Culturamas

José Luis Rodríguez Ojeda (Carmona, 1957), profesor y filólogo, lleva más de treinta años recorriendo ese equilibrio en el que convergen poesía y flamenco.

El poeta, hace unos meses, decidió celebrar la significativa fecha y reunió toda su poesía –la cual es espejo y reflejo de las letras del cante- en Canción del camino –Colibrí ediciones-.

En este volumen se recopilan los ocho poemarios del autor, con prólogo del catedrático de Lengua y Literatura Francisco Martínez Cuadrado.

De Consencuencia de andar a Por alumbrar lo imposible, Rodríguez Ojeda nos habla de la pérdida, de la memoria, del pueblo, de Andalucía, de lo jondo. Ya sea desde el lenguaje del poema o desde el lenguaje del flamenco. Esos dos idiomas tan semejantes en sus gramáticas.

La gramática de la conmoción, la emoción y las exactitudes.

¿En qué coinciden el flamenco y el poema?

Coinciden en el concepto de poesía.

En mi caso, creo, las letras del cante son poesía de la experiencia –aunque quizá sea esta una etiqueta ya pasada-.

Las letras del cante nos hablan de los temas fundamentales: el amor, el desamor, la vida, la muerte, la pena.

Como poeta, no encuentro mejor forma que las letras del cante para expresar lo que quiero decir. De joven tuve mis prejuicios, y temía que me consideraran sólo un letrista.

Ahora esos prejuicios están más que salvados. Las buenas letras del cante –tantas como recogió Demófilo- me sirven de referencia y de motivación para escribir.

¿Cuáles son esas coplas que le han llegado y que no olvida?

Hay una cantidad inmensas de coplas que me estremecen cuando las recuerdo.

No sólo cantadas, también leídas.

Por ejemplo:

“Dejo la puerta entorná

por si alguna vez te diera

la tentación de empujar”

 

“Yo no sé qué tiene

la yerbabuena de tu huertecito

que tan bien me huele”

 

“Si Dios me diera a mí el mando,

como se lo dio a la muerte,

yo quitaría del mundo

a quien me estorba quererte”

 

Son letras de una gran profundidad, pero con elementos muy cercanos a la realidad.

Luego hay otras coplas, que conste, que hay que desbancar.

Coplas nefastas.

Incluso desde el punto de vista del concepto social. Hay muchas letras machistas o retrógradas.

Extraído del Diario de Sevilla

La clara y detallada introducción de Francisco Martínez Cuadrado, con los comentarios libro a libro, supone un excelente complemento, la guía perfecta para acercarnos mejor a la obra del poeta carmonense.            

   <<No hay máscara, no hay retórica hueca (aunque sí un sabio cuidado formal), no hay palabras ni sentimientos altisonantes. No se trata de renunciar a ideas, valores, sentimientos y esperanzas, pero tampoco de engañarse a uno mismo y a los demás. No es un camino de rosas, sino el incierto y mudable camino de la vida. De esto habla la poesía de José Luis Rodríguez Ojeda>>.                

                                                              Francisco Martínez Cuadrado

  Canción del camino (Poesía reunida, 1994-2024) incluye íntegramente los ocho poemarios publicados por Rodríguez Ojeda hasta la fecha.

Además, algunos poemas de los distintos libros se pueden escuchar (código QR) en la voz del propio autor, grabación realizada en los estudios de Artes Escénicas Rebollar.

José Luis Rodríguez Ojeda

Poesía o Flamenco

«Desde niño me atrajeron ambas manifestaciones por igual.

Aún recuerdo la admiración que sentí, con apenas diez años, por dos niños que actuaron en la típica fiesta de fin de curso.

Uno recitó un poema y el otro cantó un fandango.

Después, con trece o catorce años, me inventé un rincón en mi cuarto para la guitarra, y otro para la poesía.

Se trataba del mismo rincón.

Así emborronaba cuadernos con versos, fueran para el cante o no.»

 

«En esta época conocí a José Belloso, auténtico poeta popular y gran apasionado del flamenco, del que tanto aprendí.

Más adelante, con dieciocho años más o menos, tuve también la suerte de hacer amistad con José Luis Blanco Garza, certero lector y poeta, a quien, igualmente, le interesaba el flamenco; en particular, la copla, que estudiaba con verdadero entusiasmo.

El me enseñó a comprender mejor un amplio corpus de letras flamencas, a profundizar en sus rasgos, que yo entonces, acaso, sólo intuía.

En este tiempo empecé a componer para algunos cantaores. Calixto Sánchez fue el primero.

 

«En mis libros aparece más de un poema en forma de copla; y no por mi afición al flamenco, sino porque, para determinada idea, situación o experiencia, no hallo vehículo más idóneo para llegar a la emoción que, humildemente, creo que allí se encierra.»

 Extraído de la revista de creación Palimpsesto

¿Como entró José Luis Rodríguez Ojeda en el "mundillo flamenco"?

Todo ha sido un proceso muy natural.

Desde niño me gustaba la poesía.

Recuerdo que me aprendía, con ocho o nueve años, los poemitas que venían en los libros de texto, sin que el maestro lo pidiera.

Lo hacía para mí.

En cuanto al flamenco, no era ajeno a mi ámbito familiar; sobre todo en casa de unos tíos míos, cuyo hijo mayor, que era mi padrino, cantaba y tocaba la guitarra.

Este primo mío era bastante amigo, entre otros, de Antonio Mairena, a quien llegué a conocer y tratar.

Yo, además, siempre tuve guitarra y, aunque nunca aprendí a tocarla bien, desde los trece años, poniendo algunos acordes básicos, tarareaba algunos cantes con sus letras clásicas u otras creadas por mí.

Las que más me interesaban eran las de tema amoroso, claro.

Ya en esta época Bécquer estaba muy presente también en mis lecturas; hasta tal punto que me sabía de memoria muchas de sus rimas.

Más tarde, con diecinueve años, conocí a Calixto Sánchez a través de mi primo, al que me referí anteriormente.

Ahí empezó todo.

Fui tomando muy en serio la creación de letras, con una pasión desmedida y desarrollando conocimiento y oficio a lo largo de los años.

¿Desde cuándo escucha flamenco José Luis?

Por lo anteriormente expuesto, se puede deducir que desde siempre.

Pero, además, se dieron muchas casualidades para que viviera, por ejemplo, fiestas flamencas en casas de algunas familias gitanas.

Cuando estaba en cuarto de bachiller, es decir, con catorce años, llegó a estudiar a Carmona interno Paco Mora, gitano que tocaba muy bien la guitarra, habiendo sido discípulo directo del mítico Diego El del Gastor.

Hicimos gran amistad y, a partir de entonces, pasaba temporadas en su casa, donde la ceremonia de cante y reunión era frecuente.

Extraído de Culturamas

José Luis Rodríguez Ojeda (Carmona, 1957), profesor y filólogo, lleva más de treinta años recorriendo ese equilibrio en el que convergen poesía y flamenco.

El poeta, hace unos meses, decidió celebrar la significativa fecha y reunió toda su poesía –la cual es espejo y reflejo de las letras del cante- en Canción del camino –Colibrí ediciones-.

En este volumen se recopilan los ocho poemarios del autor, con prólogo del catedrático de Lengua y Literatura Francisco Martínez Cuadrado.

De Consencuencia de andar a Por alumbrar lo imposible, Rodríguez Ojeda nos habla de la pérdida, de la memoria, del pueblo, de Andalucía, de lo jondo. Ya sea desde el lenguaje del poema o desde el lenguaje del flamenco. Esos dos idiomas tan semejantes en sus gramáticas.

La gramática de la conmoción, la emoción y las exactitudes.

¿En qué coinciden el flamenco y el poema?

Coinciden en el concepto de poesía.

En mi caso, creo, las letras del cante son poesía de la experiencia –aunque quizá sea esta una etiqueta ya pasada-.

Las letras del cante nos hablan de los temas fundamentales: el amor, el desamor, la vida, la muerte, la pena.

Como poeta, no encuentro mejor forma que las letras del cante para expresar lo que quiero decir. De joven tuve mis prejuicios, y temía que me consideraran sólo un letrista.

Ahora esos prejuicios están más que salvados. Las buenas letras del cante –tantas como recogió Demófilo- me sirven de referencia y de motivación para escribir.

¿Cuáles son esas coplas que le han llegado y que no olvida?

Hay una cantidad inmensas de coplas que me estremecen cuando las recuerdo.

No sólo cantadas, también leídas.

Por ejemplo:

“Dejo la puerta entorná

por si alguna vez te diera

la tentación de empujar”

 

“Yo no sé qué tiene

la yerbabuena de tu huertecito

que tan bien me huele”

 

“Si Dios me diera a mí el mando,

como se lo dio a la muerte,

yo quitaría del mundo

a quien me estorba quererte”

 

Son letras de una gran profundidad, pero con elementos muy cercanos a la realidad.

Luego hay otras coplas, que conste, que hay que desbancar.

Coplas nefastas.

Incluso desde el punto de vista del concepto social. Hay muchas letras machistas o retrógradas.

Extraído del Diario de Sevilla

La clara y detallada introducción de Francisco Martínez Cuadrado, con los comentarios libro a libro, supone un excelente complemento, la guía perfecta para acercarnos mejor a la obra del poeta carmonense.            

   <<No hay máscara, no hay retórica hueca (aunque sí un sabio cuidado formal), no hay palabras ni sentimientos altisonantes. No se trata de renunciar a ideas, valores, sentimientos y esperanzas, pero tampoco de engañarse a uno mismo y a los demás. No es un camino de rosas, sino el incierto y mudable camino de la vida. De esto habla la poesía de José Luis Rodríguez Ojeda>>.                

                                                              Francisco Martínez Cuadrado

  Canción del camino (Poesía reunida, 1994-2024) incluye íntegramente los ocho poemarios publicados por Rodríguez Ojeda hasta la fecha.

Además, algunos poemas de los distintos libros se pueden escuchar (código QR) en la voz del propio autor, grabación realizada en los estudios de Artes Escénicas Rebollar.

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